Megan Voyle

Posted by Albert Sy | Posted in | Posted on 7:55

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Nacida en la ciudad más grande de Galgados, Hécate, la intrincada ratonera que siempre parecía arrebatarle el aire directamente de los pulmones. Más allá de las murallas, había bosques que la llamaban, praderas tan vacías que podría correr durante horas con los ojos cerrados, vientos que susurraban su nombre. Con apenas diez años, el momento que llevaba tantos meses fraguándose terminó por llegar: dando un sonoro portazo, agarró un par de prendas de ropa y dejó atrás el hogar. En su espalda pudo sentir los ojos de sus padres clavándose muy adentro, tras la fina capa de lluvia que cubría el cristal.

No tardó en olvidar, como si toda su vida no hubiera sido más que un preámbulo de su verdadero destino. El mundo entero se convirtió en su hogar. No había puertas, ni callejones, sólo mundo. Y había demasiado aún por descubrir.

No era una vida errática; era una vida libre. Poco a poco, empezó a alcanzar cierta pericia con el arco. Resultó que se le daba bastante bien, lo suficiente como para tomarse ciertas licencias de seguridad en los bosques que habitaba, o en las aldeas que la acogían. No tardó en llamar la atención de ciertos colectivos más allá del Valle de Ospren. Dicen que, algunos años después, conoció a una capitana de Galgados llamada Sharon Faith, a la que habían encomendado la dirección de la milicia local de Hemingen, uno de los parajes más hermosos del principado a la sombra de la Cordillera de los Vientos. Parece ser que el motivo de su coincidencia no fue precisamente distendido. Lugar equivocado, momento equivocado, suele decirse, y su desbocada curiosidad no ayudó a evitar el desastre. Tuvo la suerte de que Sharon y sus hombres estuvieran cerca para salvarle el pellejo.

Por algún motivo, Megan congenió rápidamente con la oficial, quien no tardó en descubrir la mejor manera de dar rienda suelta a las inquietudes más profundas de su nueva amiga.

Arianne

Posted by Albert Sy | Posted in | Posted on 4:23

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Apareció, sin más. Hemingen no tardó en percatarse de su presencia. La extraña niña que siempre aparecía junto con el gobernador Owen, aparentemente extranjera y, a juzgar por su indumentaria, de buena cuna o al menos con una suculenta herencia bajo la cama. Arianne, así la llaman todos en el Palacio del Agua, donde Félix Owen la mantiene entre sedas y exquisitos cuidados.

Algunos en la villa achacan su presencia en el castillo a la soledad del joven gobernador. Es vox populi que sus intentos por encontrar una compañera ajustada a sus exigencias no han sido pocos ni muy discretos. Hacía algunos años, a Félix se le reconocía una media de dos prometidas por año. Pero ya no. Tal vez la resignación, tal vez el aburrimiento, pero Félix Owen ha hecho las paces con la soledad, y el Palacio del Agua no es un mal lugar donde aullar las penas para un Don Juan frustrado y demasiado caprichoso. Pero entonces ella apareció.

Un rayo de luz para Félix, como caída del cielo, o ella sabrá de dónde. El caso es que la vida del joven delegado cambió de la noche a la mañana, dejándose ver por Hemingen por primera vez en meses, con el rostro inundado de alegría y el espíritu renovado.

Mucho se habla, y muy poco se sabe realmente. Arianne es un interrogante en la farándula de Hemingen, y las historias que circulan a su alrededor son a cada cual más pintoresca. La niña se deja ver sin ningún pudor, pero tampoco se sabe de nadie con quien haya hablado nada sobre su pasado, o sus intenciones, o... sobre ella en general. Lo único que se sabe es que siempre va acompañada de su mayordomo personal, quien la sigue a todos lados con el semblante rígido de preocupación. Eso, y que Félix está como loco por ella.

Marcus Teller

Posted by Albert Sy | Posted in | Posted on 3:54

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Natural de Hemingen, Galgados, donde actualmente reside. Prácticamente nació con una espada en la mano, como una faceta inherente a su naturaleza que se aferraba a sus puños y guiaba sus sentidos en el baile mortal de la esgrima. Su padre vio potencial en él, y tomó las riendas de su entrenamiento. Trevor Teller era uno de los oficiales de mayor confianza bajo el mando del -actualmente fallecido- virrey de Galgados, Victor Daorland.  Trevor manejaba la milicia de Hemingen desde hacía varios años, tiempos en los que el mayor de los problemas de los municipios eran los asentamientos de bandidos y poco más. Marcus no tardó en encontrar su lugar, su elemento, y pronto empezaron a contar con él para las patrullas menos comprometidas. 

Una tarde, regresando a Hemingen, la escuadra fue asaltada por un grupo de bandidos que les doblaba en número. Marcus, a sus doce años, dejó fuera de combate a cuatro de ellos. Reducidos los asaltantes, Trevor revisó los cuerpos de los que se habían batido con su hijo, esparcidos por el suelo en un estado lamentable, y comprobó con absoluta sorpresa que ninguna de sus heridas había sido mortal. Su padre se acercó a él y le revolvió el pelo. En sus ojos había orgullo, un orgullo profundo. Aquél día no murió nadie en el bosque, pero los calabozos de Hemingen se animaron considerablemente.

Cuando cumplió los quince años, su padre le dio una noticia que cambiaría su vida para siempre. El señor de la guerra Tadeus Van Horsman lo había llamado a su servicio al haber sido puesto en libertad tras la masacre de Remo. Y debía acudir, pues según sus propias palabras, "algo oscuro se está fraguando en el sur. Y no puedo permitir que llegue aquí". Marcus se vio solo por primera vez en su vida, y Hemingen se le hizo más grande y vacío que nunca. La Milicia era lo que le quedaba, al fin y al cabo. Una razón para levantarse todas las mañanas.

Galgados

Posted by Albert Sy | Posted in | Posted on 2:57

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